viernes, 5 de noviembre de 2010

Esperanza en el mañana

Gracias al desarrollo tecnológico y a la globalización los seres humanos migramos más fácilmente que hace unos cuántos años atrás. Sin embargo, la integración no siempre es fácil. Muchas veces –como ha sido el caso de Milagros Campos, directora de teatro peruana residente en Zurich– tenemos que hacer frente a numerosos obstáculos: un clima diferente, nuevas costumbres, una nueva lengua.

Con la experiencia del pasado y la visión del futuro creamos un nuevo presente. Aprendemos la lengua del país, nos adaptamos a un nuevo modo de vida, tejemos una sólida red de amistades. Cuando hemos alcanzado la cima de nuestras metas, la vida nos indica, primero tímidamente y luego con mayor insistencia, que ha llegado el momento de alzar el vuelo.

Hoy me toca preparar mi partida de Suiza. Contemplo la alfombra de hojas entre amarillo y marrón que cubre el césped, el manto verde de eterna esperanza de los pinos, el lago salpicado de diminutas estrellas, las altas montañas que, ansiosas, esperan la corona blanca con que cada año las unge la Naturaleza.

Y cuando la nostalgia me lame el alma, mi natural optimismo sale a flote y me sopla que en mi nueva morada no habrá lagos salpicados de estrellas sino mares esparcidos de soles y que el manto de la Naturaleza será de brillantes colores. Luego agrega que, aunque la profecía no se cumpla al pie de la letra, al menos tendré el inigualable regalo de vivir una nueva experiencia.

Mundo Hispánico
Noviembre 2011

jueves, 7 de octubre de 2010

Pudor en el arte

Conocí a Marc Cem, pintor francés de corazón latinoamericano, el pasado mes de junio en el Centro cultural Tierra Incógnita, en Ginebra, cuando exponía parte de su obra en la serie de actividades dedicadas a Haití.

Al ver sus lienzos, con una caligrafía uniforme cubierta por un ligero velo de pintura, me sentí invadida por una suave nube de tranquilidad, similar a la que sentimos cuando recitamos ciertos mantras.

Frente a la que considero su obra maestra, “Besos repetidos”, me confió que esa escritura velada era su manera de codificar su intimidad.

Como escritora, por mucho tiempo yo también codifiqué mi vida interior. Lo hice por medio de una escritura en tercera persona, rehusando así implicarme en mis historias. Mi pudor era tal que preferí achacar a mis personajes muchas de las dolorosas experiencias por mí vividas. En esa época el miedo a la crítica me paralizaba.

Con el paso del tiempo y la extraordinaria exploración de mi universo interior logré ganar confianza en mí. Comencé entonces a escribir en primera persona.

Actualmente me siento libre de exponer a la luz pública mis ideas. Algunos apreciarán mi pluma, otros no, pero yo continuaré compartiendo humildemente mis descubrimientos existenciales.

Mundo Hispánico
Octubre 2010

martes, 8 de junio de 2010

Cicatrices

Las cicatrices
de mi pasado
me han enseñado

que los adioses
son en verdad
hasta mañanas

que el amor
aunque eterno
es pasajero

que hay que saber esperar
para avanzar…

viernes, 30 de abril de 2010

Feria del Libro de Ginebra

Este domingo 2 de mayo de 14:00 a 16:00 horas estaré a tu disposición para intercambiar ideas y firmar mis libros en la Feria del Libro de Ginebra

Lugar: PALEXPO

Société Genevoise des Écrivains

Calle Céline - Casetas C546 y C548

miércoles, 3 de marzo de 2010

La magia de la naturaleza

Cuando la inspiración me abandona, salgo a dar un paseo por los alrededores de mi casa y, sistemáticamente vivo la magia de la naturaleza.

Me considero privilegiada de vivir en un país con las cuatro estaciones bien marcadas. En invierno, cuando la cima de las montañas y las ramas de los árboles se visten de blanco, tengo la impresión de contemplar a una novia que, generosa, extiende su velo hacia el mundo equilibrado de la naturaleza.

Más adelante, al despuntar los retoños, lo que se perfila en mi espíritu es una adolescente deseosa de descubrir la vida, de ataviarse con los variados colores de la temporada. Entonces yo también me transformo en adolescente y me visto con esos verdes chillones que tanto me recuerdan a mi tierra.

Con el calor del verano los frutos maduran y las hojas, abandonando el verde encendido de su edad tierna para pasar a uno más discreto, se robustecen. El adolescente quedó atrás para dar paso a un adulto que, con toda su exuberancia, protege al ser humano de los rayos del sol y lo abanica con sus millares de dedos.

La estación que más aprecio es el otoño por el incendio de amarillos, naranjas y rojos y porque, cuando el frío y los vientos desvisten a los árboles, puedo contemplar en su plenitud los músculos de sus ramas y los nudos de sus articulaciones hasta llegar a la infinidad de extremidades superiores. Me parece entonces que miles de falanges se mueven cuando la bise, ese viento seco y helado proveniente del norte, sacude los tallos.

lunes, 25 de enero de 2010

Autora y protagonista

He estado retirada durante las últimas semanas en un tranquilo apartamento de La Provenza, en Francia, para escribir mi nueva obra: el guión para un largo metraje que pone en tela de juicio las reglas del matrimonio.

He pasado momentos intensos rodeada de los personajes de mi obra, especialmente de Estrella Zaldívar, mi protagonista.

Para crear a Estrella he tomado como punto de referencia mi propia persona, en el sentido que, como yo, Estrella es una profesional que deja su carrera para ocuparse del bienestar de su marido y de sus hijos y, como yo, descubre una gran pasión por la escritura privilegiando los temas sociales y existenciales. Sin embargo, muy rápidamente Estrella fue creando su propia personalidad hasta transformarse en una persona de pleno derecho, totalmente independiente de mí.

Aunque nuestras diferencias son muchas, las dos pensamos que ha llegado el momento que cada ser humano se cuestione sobre los fundamentos de las reglas de nuestra sociedad, sobre todo del matrimonio.

Otro punto común entre Estrella y yo es que las dos pensamos que los humanos hemos venido a este mundo solos y que nos toca recorrer solos nuestros caminos. A lo largo de nuestra existencia encontramos personas que nos acompañan un tramo de ese camino, pero debemos saber decirles adiós cuando la tarea que debíamos realizar ha sido terminada.

La vida está llena de adioses. Decimos adiós a nuestros padres, a nuestros compañeros de escuela, de universidad, de trabajo; decimos adiós a amigos que, en su momento, fueron importantes en nuestra vida; ¿por qué entonces no decir adiós a nuestra pareja cuando nos damos cuenta que nuestros intereses ya no son los mismos? ¿Por qué seguir el camino del otro y frenar nuestra evolución como seres humanos cuando nuestro corazón nos indica un sentido diferente?


Testimonio de Estrella Zaldívar, mi protagonista


Mi nombre es Estrella Zaldívar. Nací en un barrio de clase media, en las afueras de la ciudad de Panamá. Como mi madre y mis abuelas, fui criada con la idea de que el hombre, no importa lo que haga, es el jefe del hogar y, como tal, se le debe respeto.

Durante mis años mozos estuve al corriente de las infidelidades de mi padre, pero cada vez que intentaba levantar mi voz de protesta, mi madre me acallaba diciéndome que, como hija no debía juzgarlo y, como mujer, me tocaba aceptar.

Como era de esperarse, cuando me casé, a los veintinueve años, dejé mi profesión de arquitecta para ocuparme de mi marido, de mi casa y de mis hijos y repetí el comportamiento de mi madre y de mis ancestros mujeres.

En grandes líneas ésta es mi historia hasta que Maritza, la autora del guión del que soy protagonista, me creara.

Maritza me creó como una mujer sumisa y, por ratos, su natural rebelde quiso apoderarse de mi personalidad, pero no la dejé. Yo tenía que seguir en mi rol hasta llegado el momento del cambio. Tampoco dejé que desarrollara sus ideas sobre la vida y la muerte, tan importantes para ella, porque no eran las leyes espirituales las que eran cuestionadas sino las sociales.

Sin embargo, gracias a Maritza comprendí que no estoy obligada de aceptar las agresiones sicológicas de mi marido. Comprendí también que puedo realizar mis sueños aunque, a primera vista, estos parezcan inalcanzables.

Uno de mis sueños era la introducción en la ley panameña de un contrato de matrimonio con una duración predeterminada. Lo que en un inicio parecía una idea disparatada se transformó, ante los ojos de mis compatriotas no sólo en una solución para eliminar el divorcio sino también una manera de combatir indirectamente la preponderancia del macho sobre la hembra.

El luchar y, luego, el lograr que el matrimonio con una duración predeterminada fuera introducido en la ley civil me ayudó a ganar confianza en mí misma, a tomar las riendas de mi existencia.

En cuestión de meses mi vida dio un giro completo. Escribí una novela que ganó el primer premio en una importante editorial mexicana y, a partir de entonces, los libros escritos durante años y que reposaban en los cajones de mi escritorio vieron la luz. Me ocupé también de la organización de comunidades familiares que acogen, como una madre de sustitución, a niños sin padres o con padres de bajos recursos económicos.

Como si no hubiera recibido suficientes satisfacciones, conocí a un alma hermana con quien comparto mis viejos días.