En mi artículo precedente afirmé que mis costumbres de antaño dieron paso a otras y que, cuando me di cuenta, no me sentía de aquí ni de allá, o sea, que no me sentía atada a ningún lugar en especial.
No creo que esta sensación de desarraigo sea negativa. Como dije antes, simplemente "es".
Me considero un ser humano feliz. Aprecio los regalos de la vida y aunque un evento, a primera vista, pueda parecer negativo, trato de aprender de él como lo que es, o sea, una experiencia.
La experiencia de vivir en cuatro países diferentes me ha enriquecido. Soy feliz en Suiza como lo fui en Italia y, antes, en Francia y en Panamá. Sin embargo, me siento lista para abandonar este lindo país y continuar mi vida en cualquier otra parte del mundo. Si puedo hacerlo es porque no tengo raíces, me siento libre.
La herramienta que me ha ayudado a obtener esta libertad es la escritura. Gracias a ella he desalojado la carga de traumas que me impedían elevarme.