Cuando vivimos lejos de nuestro país tendemos a idealizarlo o a denigrarlo. Muy raramente mantenemos un punto de vista objetivo.
Cuando dejé Panamá, hace cerca de veinticinco años, me llevé una carga de emociones negativas, que comencé a evacuar solamente gracias a la escritura.
Este relato, escrito hace cerca de diez años, es un esbozo de la visión que yo tenía de mi terruño cuando llegué al Viejo Mundo.
La mujer que escoge la vida fácil, el ladronzuelo de buena o mala pinta, así como el borracho que se pasea por las vetustas calles tarareando sus penas o sus alegrías no eran más que grises pinceladas en el triste cuadro de mi pasado.
Hace algunos días visité el Casco Antiguo de Panamá, barrio del que me inspiré para escribir esta historia. Las mismas construcciones, casas de estilo colonial y calles de ladrillo, ya no me parecen carcomidas por el cáncer de la suciedad. La sonrisa de la mujer que, parada en una esquina saluda a los pasantes ya no me parece demasiado abierta. El guapo que camina con su paso mitad marcha mitad danza, o el borracho que silabea incoherencias ya no me parecen amenazadores.
El escenario y los actores son los mismos pero mi punto de vista ha cambiado. Hoy soy conciente de que los dramas humanos son necesarios para realizar una buena pieza de teatro.
Leer relato
sábado, 7 de mayo de 2011
sábado, 16 de abril de 2011
viernes, 11 de febrero de 2011
Poemas sobre el tema de la nostalgia
Nostalgia
Poema extracto de mi libro “El corazón con que vivo” (Verbum, Madrid, 2008)
Tengo nostalgia de mis calles
y del mar, muro azul,
alzado ante mis ojos niños.
Recuerdo las voces amigas que me acompañaban,
inocentes risas, perdidas en la infancia,
y más tarde descubrir la tímida presencia del amor.
Ante mis ojos la casa blanca,
blanca como la mañana
que penetraba por el cristal claro de las persianas.
Y las arcadas, pechos abiertos,
por donde se asomaba el verde de las palmas.
Recuerdo a mi abuela,
la de piel de azúcar y tabaco,
mulata enorme en su estatura y en su amor;
y a la española,
la abuela de pañuelos albos
y lunares de plata.
Es cierto, la nostalgia me lame los dedos
y, mientras, el tiempo se me escapa,
inexorable,
como las lágrimas que humedecen el papel.
Aguardo
Poema extracto de mi libro "El corazón con que vivo" (Verbum, Madrid, 2008)
Sé que no es el final.
He conocido tantas etapas:
el espejismo y el oasis en el desierto,
la demora del agua que anhela la seca garganta,
la duda que muerde el instante de la reflexión.
Sé que no es el final.
En la paciencia me he fortalecido,
aguardo nuevas batallas.
Los colores de la vida
(Poema inédito)
En mis días más negros
cuando me sumerjo en las profundidades de mis tristezas
surge una voz en mi corazón
que me susurra
bajito
acoge tus dolores
ellos son los colores de tu vida.
Poema extracto de mi libro “El corazón con que vivo” (Verbum, Madrid, 2008)
Tengo nostalgia de mis calles
y del mar, muro azul,
alzado ante mis ojos niños.
Recuerdo las voces amigas que me acompañaban,
inocentes risas, perdidas en la infancia,
y más tarde descubrir la tímida presencia del amor.
Ante mis ojos la casa blanca,
blanca como la mañana
que penetraba por el cristal claro de las persianas.
Y las arcadas, pechos abiertos,
por donde se asomaba el verde de las palmas.
Recuerdo a mi abuela,
la de piel de azúcar y tabaco,
mulata enorme en su estatura y en su amor;
y a la española,
la abuela de pañuelos albos
y lunares de plata.
Es cierto, la nostalgia me lame los dedos
y, mientras, el tiempo se me escapa,
inexorable,
como las lágrimas que humedecen el papel.
Aguardo
Poema extracto de mi libro "El corazón con que vivo" (Verbum, Madrid, 2008)
Sé que no es el final.
He conocido tantas etapas:
el espejismo y el oasis en el desierto,
la demora del agua que anhela la seca garganta,
la duda que muerde el instante de la reflexión.
Sé que no es el final.
En la paciencia me he fortalecido,
aguardo nuevas batallas.
Los colores de la vida
(Poema inédito)
En mis días más negros
cuando me sumerjo en las profundidades de mis tristezas
surge una voz en mi corazón
que me susurra
bajito
acoge tus dolores
ellos son los colores de tu vida.
viernes, 7 de enero de 2011
viernes, 5 de noviembre de 2010
Esperanza en el mañana
Gracias al desarrollo tecnológico y a la globalización los seres humanos migramos más fácilmente que hace unos cuántos años atrás. Sin embargo, la integración no siempre es fácil. Muchas veces –como ha sido el caso de Milagros Campos, directora de teatro peruana residente en Zurich– tenemos que hacer frente a numerosos obstáculos: un clima diferente, nuevas costumbres, una nueva lengua.
Con la experiencia del pasado y la visión del futuro creamos un nuevo presente. Aprendemos la lengua del país, nos adaptamos a un nuevo modo de vida, tejemos una sólida red de amistades. Cuando hemos alcanzado la cima de nuestras metas, la vida nos indica, primero tímidamente y luego con mayor insistencia, que ha llegado el momento de alzar el vuelo.
Hoy me toca preparar mi partida de Suiza. Contemplo la alfombra de hojas entre amarillo y marrón que cubre el césped, el manto verde de eterna esperanza de los pinos, el lago salpicado de diminutas estrellas, las altas montañas que, ansiosas, esperan la corona blanca con que cada año las unge la Naturaleza.
Y cuando la nostalgia me lame el alma, mi natural optimismo sale a flote y me sopla que en mi nueva morada no habrá lagos salpicados de estrellas sino mares esparcidos de soles y que el manto de la Naturaleza será de brillantes colores. Luego agrega que, aunque la profecía no se cumpla al pie de la letra, al menos tendré el inigualable regalo de vivir una nueva experiencia.
Mundo Hispánico
Noviembre 2011
Con la experiencia del pasado y la visión del futuro creamos un nuevo presente. Aprendemos la lengua del país, nos adaptamos a un nuevo modo de vida, tejemos una sólida red de amistades. Cuando hemos alcanzado la cima de nuestras metas, la vida nos indica, primero tímidamente y luego con mayor insistencia, que ha llegado el momento de alzar el vuelo.
Hoy me toca preparar mi partida de Suiza. Contemplo la alfombra de hojas entre amarillo y marrón que cubre el césped, el manto verde de eterna esperanza de los pinos, el lago salpicado de diminutas estrellas, las altas montañas que, ansiosas, esperan la corona blanca con que cada año las unge la Naturaleza.
Y cuando la nostalgia me lame el alma, mi natural optimismo sale a flote y me sopla que en mi nueva morada no habrá lagos salpicados de estrellas sino mares esparcidos de soles y que el manto de la Naturaleza será de brillantes colores. Luego agrega que, aunque la profecía no se cumpla al pie de la letra, al menos tendré el inigualable regalo de vivir una nueva experiencia.
Mundo Hispánico
Noviembre 2011
jueves, 7 de octubre de 2010
Pudor en el arte
Conocí a Marc Cem, pintor francés de corazón latinoamericano, el pasado mes de junio en el Centro cultural Tierra Incógnita, en Ginebra, cuando exponía parte de su obra en la serie de actividades dedicadas a Haití.
Al ver sus lienzos, con una caligrafía uniforme cubierta por un ligero velo de pintura, me sentí invadida por una suave nube de tranquilidad, similar a la que sentimos cuando recitamos ciertos mantras.
Frente a la que considero su obra maestra, “Besos repetidos”, me confió que esa escritura velada era su manera de codificar su intimidad.
Como escritora, por mucho tiempo yo también codifiqué mi vida interior. Lo hice por medio de una escritura en tercera persona, rehusando así implicarme en mis historias. Mi pudor era tal que preferí achacar a mis personajes muchas de las dolorosas experiencias por mí vividas. En esa época el miedo a la crítica me paralizaba.
Con el paso del tiempo y la extraordinaria exploración de mi universo interior logré ganar confianza en mí. Comencé entonces a escribir en primera persona.
Actualmente me siento libre de exponer a la luz pública mis ideas. Algunos apreciarán mi pluma, otros no, pero yo continuaré compartiendo humildemente mis descubrimientos existenciales.
Mundo Hispánico
Octubre 2010
Al ver sus lienzos, con una caligrafía uniforme cubierta por un ligero velo de pintura, me sentí invadida por una suave nube de tranquilidad, similar a la que sentimos cuando recitamos ciertos mantras.
Frente a la que considero su obra maestra, “Besos repetidos”, me confió que esa escritura velada era su manera de codificar su intimidad.
Como escritora, por mucho tiempo yo también codifiqué mi vida interior. Lo hice por medio de una escritura en tercera persona, rehusando así implicarme en mis historias. Mi pudor era tal que preferí achacar a mis personajes muchas de las dolorosas experiencias por mí vividas. En esa época el miedo a la crítica me paralizaba.
Con el paso del tiempo y la extraordinaria exploración de mi universo interior logré ganar confianza en mí. Comencé entonces a escribir en primera persona.
Actualmente me siento libre de exponer a la luz pública mis ideas. Algunos apreciarán mi pluma, otros no, pero yo continuaré compartiendo humildemente mis descubrimientos existenciales.
Mundo Hispánico
Octubre 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
