jueves, 16 de abril de 2009

Semana Santa y desarraigo

La semana pasada en Mundo Hispánico, revista con la que colaboro desde hace un año y medio, escribí sobre la Semana Santa en Panamá, mi país de nacimiento.

Recordé con cariño la sopa de pescado tomada a la sombra de los árboles del huerto, las procesiones del Jueves y el Viernes Santo y los tamboritos (bailes acompañados de cantos entonados al son de tambores y rítmicas palmadas) del Sábado de Gloria que cerraban jocosamente la semana.

Esa sopa de pescado tomada al aire libre en medio de una bandada de pájaros bullangueros, dio paso a interminables almuerzos saboreados a media voz en la mesa de mi familia política, en el noroeste de Francia. Al principio extrañaba la procesión del Jueves y el Viernes Santo y el baile del Sábado de Gloria, pero poco a poco me fui acostumbrando a las tradiciones de mi nuevo universo. Así, cuando nacieron mis hijos, con toda naturalidad escondía los huevos de chocolate en el jardín y les contaba historias sobre el conejo de Pascua.

Como nos sucede a muchos cuando cambiamos de país a una edad adulta, una costumbre da paso a otra y a otra más y cuando miramos a nuestro alrededor no hay nada que nos ate a nuestro pasado. Las raíces se han perdido sin que nos demos cuenta. Nos sentimos que no somos de aquí ni de allá, como dice la canción de Facundo Cabral. No creo que esta sensación sea buena o mala. Simplemente "es".

11 comentarios:

verbum dijo...

¡Bienvenido el blog de Maritza! Estoy seguro de que será una ventana abierta al rico interior de su alma y que, además, podremos disfrutar de su escritura, siempre ágil e inteligente, aguda y de una sorprendente sensibilidad.

pio e. serrano

Anónimo dijo...

Me siento identificada tu artículo. Como tú dejé Ecuador, mi tierra natal, cuando era ya adulta. Me he esforzado tanto por integrarme, que me he quedado sin raíces...
Un abrazo de Ada.

Marlene dijo...

Querida Maritza,
Muy interesante lo que has escrito, y como siempre tu lo haces, al leer sobre las costumbres de Panamá, me hiciste transportarme y hasta sentir el rico sabor de la sopa.

Con respecto a las raices de nuestros paises Latinos, (yo soy de Chile), siento que desde cierta generación hasta la fecha las raices y costumbres al menos de mi país se han perdido mucho. La gente que tiene menos de 40 años ya no celebramos como lo hacían nuestros abuelos, no mantenemos las tradiciones como lo hacían nuestros abuelos, por qué?...y te puedo decir que al analizar la respuesta estaríamos dias...
Un beso
Marlene

Martin dijo...

Hola, Maritza! Saludos muy afectuosos desde Dublín. Como sabes, soy también inmigrante, y tengo mi punto de vista personal al respecto. Me siento turista en todos lados, y como bien dices al final de tu entrada, esa sensación simplemente “es”. Creo que, más allá de todo, somos individuos. Descreo de las banderas, las pretendidas culturas y los sentimientos patrióticos que, más que juntarnos, nos aíslan. Creo honestamente que son imposiciones, o “ficciones sociales”, como las llamaría Fernando Pessoa. Intento desprenderme de ellas. He vivido en cuatro países y no dejo de sorprenderme al encontrar gente muy afín a mí en cualquier rincón del planeta. Tengo más en común con gente de Nueva Zelanda, Irlanda, Canadá o Rusia que con algunos de los vecinos que tenía en el barrio donde crecí. Al emigrar, que no es más que andar un poco por el mundo en vez de limitarse a permanecer en el seguro pero limitado “corralito” de nacimiento, se corre el riesgo de idealizar ciertas cosas que, irónicamente, suelen ser lo que no soportábamos de nuestro lugar de origen en primer lugar. Creo que se tiende a dramatizar demasiado el acto de emigrar. Emigrar no es más que caminar, andar, y no molestarse por respetar líneas arbitrarias o barreras imaginadas por terceros. El ser humano es Humano donde sea, y la vida es mucho más rica conociendo la vasta variedad de personalidades que existen. Un saludo sincero.

PILAR dijo...

Querida Maritza, saludos desde Basel. Tuve el placer de conocerte en la libreria de Francis. Me encanta como escribes.
Referente al articulo del desarraigo, decirte que no estoy del todo de acuerdo contigo y aunque no soy la mas indicada para poder opinar sobre este tema ya que tan solo llevo dos años fuera de mi pais (España), los cuales me han hecho crecer muchisimo como persona. Conocer otras culturas es algo maravilloso y sobre todo enriquecedor. Estos dos años que llevo fuera han sido muy intensos y me han hecho sentirme mas ciudadana del mundo de lo que me podia sentir antes, aunque creo que las raices nunca se pierden y simpre tienes un rinconcito en el corazon de "patriotismo".
Un beso fuerte.
Pilar

Anónimo dijo...

Hola mi amiga, me ha conmovido mucho lo que has escrito sobre el desarraigo, me reconozco en ello. Ese Caribe nuestro no se compara con nada!Y mi Cuba ni se diga.
Besos muchos para tí, felicidades! Visítame en:
http://www.myspace.com/coraliarodriguez

Cristina dijo...

Coincido con Martin y Pilar, salir del nido, expandirse, abre horizontes,nos permite crecer como personas. Es como aprender un idioma nuevo, se aprenden constumbres y formas de ver el mismo problema desde distintos angulos. Desde mi punto de vista, emigrar no es tan drastico como algunas personas lo ven. Yo lo hice a los 49 anios, hace 9 que vivo fuera de mi pais y puedo decir que si me hubiera quedado me sentiria vieja y terminada. Aqui en Irlanda, donde vivo ahora, me siento muy bien, respetada y con futuro, cosa que en mi pais (Argentina)no seria asi. [Perdon por la falta de acentos y de la enie, mi compu no lo tiene]
Un abrazo Maritza,
Cristina

Merbis Mujica dijo...

Querida amiga, A ti, te admiro y pienso que tienes muchisimo para darnos, a todos tus lectores y fans, digo, por tus experiencias, por tu trayectoria, que aun siendo una joven y bella mujer tengas tanto mundo recorrido y basto conocimiento de culturas y lenguas, de la misma forma llevo 29 anos que sali de mi pais, (Venezuela),he vivido en varios, y puedo decir que me considero, ciudadana del Mundo, de este bello planeta que Dios ha creado para todos los de Xs pais...Comparto con algunos la opinion de que ser un inmigrante, te anade a la vida, conocimientos, nueva lengua, cultura diferente, nuevos amigos, nueva musica y baile, nuevo habito de alimentacion, en fin es algo diferente, que nos nutre y nos ensena en todos los aspectos, por supuesto sin dejar de amar nuestras costumbres, idiosincracia y gentilicio, y siempre llevando una forma moderada y anti-fanatica, de lo que hacemos, para asi disfrutar sanamente de todo el tesoro y misterio que encierran todos los paises del mundo. !!A cual mas hermoso!!
Te mando un beso y un abrazo grande, Dios te bendice y yo te amo, Yo soy Merbis.

eduardo ng dijo...

querida maritza, lei tu articulo, y describes muy bien lo que es la semana santa en nuestra tierra, Panamá. Me alegra saber que estas bien y ojala pronto podamos tener el honor de volverte a ver.

ROSY dijo...

HOLA maritza me encanta tu estilo, sabes es vida y es transpariencia. Dios quiera que lo que te hace libre de amarrres haya sido una percepcion que con mucha facilidad hayas aprendido en un momento especial de tu vida, ojala haya podido ser cuando hayas estado en Panamá, o mas especificamente hayas tenido ese momento especial de tu vida de adolescente, la que ha permitido que Maritza se una persona capaz de vivir en el mundo, como lo que es una verdadera Maritza con mucho que darnos. Asi como eres hay muchas Maritzas, gracias por tener la facilidad de escribir lo que sentimos , besos Rosy.(Panamá)

silbina dijo...

hola maritza un abrazo caluroso,como tu sali de mi pais hace 12 anos,al principio duro,pero gracias a esta experiencia puedo deci que hoy dia me siento mas fuerte,y que cuando uno se desprende de algunas costumbres es tan solo para integrar otras,y aprender de las mismas, sin olvidarnose de la linda tierra que nos acogio cuando llegamos a este mundo,somos almas y podemos viajar libres por el mundo sin apegos,la felicidad y el amor esta en el corazon de cada ser que compone este marabilloso planeta.
con mucho amor
silbina de yverdon